miércoles, 27 de octubre de 2010

Mario Artigas Contreras: José Domingo Gómez Rojas, Homenaje


El día 4 de agosto de 1896, nació en Santiago el poeta anarquista José Domingo Gómez Rojas. Hijo de un obrero ebanista y de una mujer del pueblo.

Su vida estuvo marcada por el infortunio y la pobreza. Su madre enviudó quedando al cuidado de Manuel, José Domingo y Antonio. Tras la muerte de su hermano Manuel, en 1916, este joven poeta le dedicó una bella elegía, hecho que señala, además, el estilo peculiar de su poesía.

En 1913, a los 16 años, publica su primer libro de poemas, titulado "Rebeldías Líricas". Obra que la revista "Claridad" (editada por la Federación de Estudiantes de Chile) calificó como "versos ácratas en que resplandecía un alto amor por la causa de la redención proletaria". Con un tono cargado de ira, ataca la estructura imperialista, sino de los años antes y post guerra. Manuel Rojas, al conocerlo, en 1914, lo llamó el "poeta Cohete", por la vehemencia y desenfreno de sus versos cargados de acusaciones y sentencias al capitalismo; en palabras de Andrés Sabella, "Rebeldías Líricas" "...está erizado de juventud impulsiva y, por eso, de gritos desafiantes. Su virtud mayor es la frescura de libertad que trae a nuestra poesía" [1].

Luego de su primer libro, Gómez Rojas, se dedicó a estudiar, leía de todo, muestra de ello es que, al ingresar a la Universidad de Chile, en 1918, se matriculó en Derecho y Pedagogía en Castellano.

Siendo estudiante del Instituto Pedagógico y de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, Gómez Rojas participó tangencialmente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile pero su militancia más orgánica fue en la Asamblea de la Juventud Radical, organización del sistema político en la cual convergían muchos jóvenes revolucionarios de la época.

En 1917, fue publicado en la revista "Selva Lírica" su más notable poema, "Miserere", bajo el seudónimo de Daniel Vásquez [2]. Todo un misterio creció en torno al autor del poema, Gómez Rojas se jactaba de ser su amigo y representante, al que excusaba de presentar en público por padecer de tuberculosis y vivir en la más absoluta miseria. Con el nacimiento de Daniel Vásquez, moría el "Poeta Cohete".

Pero no tan sólo "Miserere" señaló la muerte del "poeta cohete", sino también el fallecimiento de su hermano Manuel. Su poesía se volvió algo mística y lejana, apareciendo un lenguaje elegíaco y mesiánico. Dios, la muerte y su Madre fueron la nueva fuente de inspiración.

Era un hombre inquieto, militante y orador de la I.W.W. (Industrial Workers World), dirigente estudiantil, miembro de la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional (1918-1920), amigo de sus amigos, profesor nocturno, poeta y amante. A pesar de todas sus actividades, nunca dejó de trabajar para ayudar a su madre y a su hermano menor Antonio.

El 25 de Julio de 1920, días después del ataque reaccionario a la sede de la Federación de Estudiantes [3], fue detenido y encarcelado en la Cárcel Pública. En dicho lugar fue interrogado bajo tortura por el Juez José Astorquiza y Líbano, quien instruyó el "Proceso contra los Subversivos", creatura macabra de la reacción para perseguir a los dirigentes obreros anarquistas y socialistas.

Miserere de José Domingo Gómez Rojas

La juventud, amor, lo que se quiere,
ha de irse con nosotros. ¡Miserere!
La belleza del mundo y lo que fuere
morirá en el futuro. ¡Miserere!
La tierra misma lentamente muere
con los astros lejanos. ¡Miserere!
Y hasta quizás la muerte que nos hiere
también tendrá su muerte. ¡Miserer


Polvo Y Viento de José Domingo Gómez Rojas

Hoy caen los crepúsculos de mi alma
y dormido me encuentran las auroras;
tengo tantas estrellas en mi ensueño
que hay un divino azul hasta en mi sombra.
Es tan honda la noche de mi espíritu
que en un éxtasis vivo su belleza
y la muerte se acerca hasta mis besos
como virgen vestida con estrellas.

Yo dormiré algún día bajo tierra
y ni mi sombra vagará perdida;
no seré ni recuerdo, ni fantasma,
ni amor lejano, ni canción perdida.
Sólo entonces, tal vez, duerma tranquilo,
sin inquietud alguna… Las estrellas
seguirán en los cielos, y los hombres
viviendo sus dolores por la tierra.

Y yo estaré tranquilo con el polvo
sobre mi corazón, sobre mis labios;
pasarán los millones de centurias…
habrán muerto y nacido muchos astros…

Así quiero dormir bajo los siglos,
vestido con el polvo de lo eterno;
yo que rodé cual lágrima en el mundo


Protestas De Piedad de José Domingo Gómez Rojas

I

En esta Cárcel donde los hombres me trajeron,
en donde la injusticia de una ley nos encierra:
he pensado en tumbas en dode se pudrieron
magistrados y jueces que hoy son polvo en la tierra.

Magistrados y jueces y verdugos serviles
que imitando, simiescos, la Justicia Suprema
castraron sus instintos y sus signos viriles
por jugar al axioma, a la norma, al dilema.

Quisieron sobre el polvo que pisaron, villanos,
ayudar al Demonio que sanciona a los muertos
por mandato divino y en vez de ser humanos
enredaron la urdimbre de todos los entuertos.

Creyeron ser la mano de Dios sobre la tierra,
la ira santa, la hoguera y el látigo encendido,
hoy duermen olvidados bajo el sopor que aterra,
silencio, polvo, sombra, ¡olvido! ¡olvido! ¡olvido!

II

Y pienso que algún día sobre la faz del mundo
una justicia nueva romperá viejas normas
y un futuro inefable, justiciero y profundo
imprimirá a la vida nuevas rutas y formas.

Desde esta Cárcel sueño con el vasto futuro,
con el tierno solloza que aún palpita en las cunas,
con las voces divinas que vibran en el puro
cielo bajo la luz de las vírgenes lunas.

Sueño con los efebos que vendrán en cien años
cantando himnos de gloria resonantes al viento;
en las futuras madres cuyos vientres extraños
darán a la luz infantes de puros pensamientos.

Sueño con las auroras, con los cantos infantiles
con alborozos vírgenes, con bautismos lucientes:

que los astros coronan a las testas viriles
y su clamor de seda es un chorro en las frentes.

III

Desde aquí sueño, Madre, con el sol bondadoso
que viste de oro diáfano al mendigo harapiento,
con las vastas llanuras, con el cielo glorioso,
con las aves errantes, con las aguas y el viento.

La libertad del niño que juega sobre un prado,
del ave que las brisas riza con grácil vuelo;
del arroyo que canta, corriendo alborozado;
del astro pensativo bajo infinito cielo.

La libertad que canta con las aves es trino,
con los niños, es juego; con la flor, es fragancia;
con el agua canción, con el viento divino
véspero, errante aroma de lejana distancia
Todo es nostalgia, Madre, y en esta Cárcel fría
mi amor de humanidad, prisionero, se expande
y piensa y sueña, y canta por el cercano día
de la gran libertad sobre la tierra grande.

IV

Sin ti, madre, la vida sería un don maldito;
una infame limosna de la carne sufriente;
pero tu amor, es rosa y es cristal inaudito,
es la divina música y es pensarosa fuente.

Hace ya muchos siglos que te vivo y te siento.

Mi tristeza es belleza de un extraño destino,
hacia ti me llevaba este o esotro viento,
hacia tu eternidad ese o aquel camino.

Como tú eras eterna, como tú eras divina,
como sobre tu frente caminaron los astros,
me creaste divino por gracia peregrina:
la eternidad, sumisa, seguirá nuestros rastros.

V

Por ti, la raza humana, madre, se transfigura
ante mis pobres ojos, por tu amor se redime
la carne y la pasión. Por tu inmensa dulzura
nació en mi la piedad para el hombre que gime.

¡Dolor de ser tan triste y tener que ser bueno
porque siempre en mi frente siento que están tus manos!
¡Dolor de ser dulzura para tanto veneno
y de tener el alma puesta en astros lejanos!
¡Dolor, madre, dolor, de escribir mi elegía
por darte en rosas pálidas un secreto tesoro!
¡Dolor, madre, del canto que profanará un día
un mendigo, un tirano y el becerro de oro!
¡Dolor, madre, dolor de tener que cantar
porque un nudo fatal se anuda a la garganta,
dolor de no poder odiar, y amar, amar
a un pueblo vil que deja poner en sí la planta!
¡Dolor, madre, dolor de tener que vivir
y amar la vida cuando lo vulgar mancha el mundo;
y dolor de saber que se ha de revivir
sobre una tierra pura que mancha el rico inmundo!


El día 29 de septiembre de 1920. El poeta José Domingo Gómez Rojas, luego de dos meses de prisión, castigos y tristeza, enloqueció, siendo trasladado a la Casa de Orates donde murió aquejado de Meningitis.

Durante su permanencia en la cárcel escribió gran cantidad de poemas de gran valor literario y que se han conservado en su obra póstuma "Elegías", publicada por Antonio Acevedo Hernández, en 1938.


[1] Andrés Sabella: "Popularización de Gómez Rojas". pág. 4. Ediciones de la "Revista Universitaria", Santiago, 1939.
[2] Luis Enrique Delano, en su libro "El Año 20", llama a Gómez Rojas con este seudónimo. Manuel Rojas, en "La Oscura vida Radiante", menciona importantes pasajes de su vida. Otra referencia importante la hace en "Recuerdos de José Domingo Gómez Rojas", artículo aparecido en la Revista "Babel" Nº 45 de julio-agosto de 1945. Andrés Sabella, le dedicó dos pequeños libros, editados por la FECH en 1937 y 1939: "Gómez Rojas: Realidad y Símbolo" y "Popularización de Gómez Rojas", respectivamente. Carlos Vicuña Fuentes, da algunas referencias de su vida en "La Tiranía en Chile".
[3] El ataque se produjo el día 21 de julio y fue consecuencia de la oposición crítica de los estudiantes frente a la falsa "Guerra de don Ladislao", quien como Ministro del Interior de Sanfuentes, movilizó las tropas chilenas a la frontera con Perú. Dicho movimiento tenía por finalidad exacerbar los sentimientos nacionalistas del pueblo, para evitar el triunfo electoral del candidato aliancista Arturo Alessandri.

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