miércoles, 22 de septiembre de 2010

Mario Artigas Contreras: Lejanos, presentes y latentes


Antofagasta 11 de Septiembre de 2010
Jorge Molina Presidente de la Corporación Chacabuco. El Historiador Cristián Muñoz. Los Poetas Carlos Penelas, Rubén Derlis y Mario Artigas. El Escritor y Crítico Literario Omar Pérez Santiago.


El Campo de Concentración “Chacabuco” se ubica a unos 110 Km. de la ciudad de Antofagasta, en las instalaciones abandonadas de la antigua Oficina salitrera Chacabuco, en la actual comuna de Sierra Gorda, y ocupa una superficie de aproximadamente 36 hectáreas.
Paradojalmente,la Oficina salitrera Chacabuco fue declarada Monumento Nacional el 26 de julio de 1971, durante el gobierno de Salvador Allende.
Este campo de concentración funcionó durante el mes de noviembre de 1973 y abril de 1975, bajo en control de la 1.ª División del Ejército con sede en Antofagasta, pero en él también se cumplía labores de vigilancia personal de la Fuerza Aérea y de Carabineros.
Era un campo destinado únicamente a prisioneros hombres, los cuales procedían de distintas unidades militares del norte de Chile, así como de Santiago, Valparaíso o Concepción, fueron transportados en trenes de carga, barcos de guerra y de carga, micros y camiones militares.
El sector habilitado para recibir de prisioneros se encontraba rodeado con alambradas de púas, en torno a las cuales se instalaron torres de vigilancia armadas y minas antipersonales. Además, se utilizaba un tanque en labores de vigilancia, el cual se movía en torno al campo. Algunos testimonios de prisioneros declaran que el campo era sobrevolado por aviones de la Fuerza Aérea en planeos rasantes.
Si bien no existe una cifra exacta de la cantidad de prisioneros que pasaron por este campo, se estima que pasaron por Chacabuco unos 3.000 prisioneros políticos. El campo fue abierto con un primer contingente de 736 prisioneros provenientes del Estadio Nacional, al cual se fueron sumando prisioneros de otras partes del País.
Cristián Muñoz, Historiador. Carlos Penelas, Escritor Argentino. Jorge Molina, Presidente Corporación Chacabuco. Rubén Derlis, Escritor Argentino. Mario Artigas, Escritor, Omar Pérez, Escritor y Crítico Literario.

En una de las antiguas casas de los mineros. Que pasó a ser calabozo de Prisioneros de Guerra en 1973. Los prisioneros esculpieron en arcilla una iglesia a semejanza de la que hoy está derruida quedando sólo sus cimientos.
En la puerta a la entrada del teatro, un chileno exiliado en Bélgica escribió el año 2004 un mensaje en francés:
“Para que nadie se olvide”.
"Para ti, papá, que perdiste tu juventud (en Chacabuco). Pero no olvides que ese fue el precio de la libertad del individuo".

Ya terminada con éxito la jornada Literaria “24 Horas de Poesía”. Es cuando Cristián me informó que se había programado una visita a Chacabuco. Un  frío recorrió mi espalda y a mi memoria acudieron viejos recuerdos que pensé  que estaban bloqueados.  
“24 Horas de Poesía” Omar Pérez, Rubén Derlis, Mario Artigas, Patricio Rojas, Carlos Penelas y Soledad Fariña.
Salimos de la ciudad de Antofagasta en caravana en el auto de Jorge Molina con el Escritor Carlos Penelas junto al Jeep de Cristián en el que viajaban los escritores Omar Pérez y Rubén Derlis.



Mirando desde la ventana del vehículo aquél desierto, donde mi vista se perdía, recordé aquellos traslados de Prisioneros de Guerra a fines del año 1974 y 1975. Caravanas en buses resguardadas de militares.
Me retraían de vez en cuando las palabras de Carlos. Escuchaba su agitado corazón emocionado deleitándose de esos extraños paisajes. Mis manos no están esposadas y me dirigía voluntariamente a un Campo de Concentración. Tomé un trago de whisky, me hacía falta.
A medida que nos íbamos acercando, mi voz se adormecía y se secaba más con ese aire tan especial que recorre por el desierto. A lo lejos escuchaba a Jorge con su versátil información sobre los cerros artificiales que confunden al turista.
Miré con atención y logré apreciar la contaminación visual donde las “Tortas” tienen su color plano por haber sido tierra removida. A diferencia de los cerros vírgenes y vivos, a medida que el Sol se mueve para irse a dormir en el Pacífico, los ilumina de diferentes tonalidades y se comunican alegres conmigo a través de una multiplicidad de colores.
A veces, no podíamos conversar. La caravana recorrió más de una hora hasta que empezamos a divisar una chimenea alta que indicaba la presencia de la antigua oficina salitrera Chacabuco de la Anglo Lautaro (Compañía Inglesa). Dejamos la carretera principal para adentrarnos por un camino de tierra. A nuestra derecha unos alambres de púas, separados a lo menos de seis metros de distancia del muro que encerraba el recinto (en ese espacio hubo minas que las retiraron con el tiempo).
El Jeep de Cristián estaba frente al portón de entrada al recinto. Según testimonios de algunos chacabucanos antes de ingresar: -Se pusieron al lado de los buses, unos tanques que nos apuntaban perversamente con sus cañones. El nerviosismo aumentaba más y más, y temblábamos de miedo. Los buses se detuvieron frente a unas rejas. Los carabineros nos entregaron contados al Ejército-
Qué diferencia, hoy estoy frente al portón, con la intención de ingresar voluntariamente, no niego que estuve muy nervioso. El viento sacudía todo a su antojo haciendo hablar el recinto y el Sol nos golpeaba con dureza.


Prisioneros marchando en Chacabuco

Dentro del lugar, aprecié que ninguna casa tenía puertas ni ventanas. Los pisos de maderas habían sido arrancados; muros de adobe caídos; otros prácticamente desechos volviendo a ser polvo. Por una destrucción por la mano del hombre y la otra del implacable tiempo. Más que terror empecé a sentir lástima y vergüenza al ver que nada histórico se conserva como una manifestación de “lesa humanidad.
A nadie le importa el detrimento del valor Patrimonial de Chacabuco. Mi fundamento se basa que es delito con motivos políticos, sociales y culturales.
Después de un par de horas donde platicamos y caminamos por esos empolvados caminos; escuchamos atentamente el entendido parlamento de Jorge. Como Presidente de la Corporación hace el mayor esfuerzo por mantener lo que a duras penas está de pié, y guardando pedacitos de vestigios en una bodega para después rearmar y, proteger de vándalos que saquean como cuatreros o como turistas.
Cayendo la tarde decidimos concientemente salir de tan magno lugar. Cerramos el portón junto con Carlos Penelas.
En la carretera observando desde la ventana del auto las nuevas tonalidades que brinda el desierto. De nuevo los recuerdos de los traslados y sus caravanas. Íbamos en dos cómodos vehículos y compartiendo este hermoso momento con amigos escritores. Evidentemente no existe parangón con los traslados de Prisioneros de Guerra como los de aquél entonces.
Acudió a la memoria uno que tuve cuando fui Prisionero de Guerra en el recinto “Tres Álamos” en Santiago, con dirección a la Quinta Región:

Un día cualquiera temprano por la mañana estaba leyendo en mi camarote en el Terminal Pesquero;(1) en el Campo de Concentración de Tres Álamos, (2) cuando de repente oí gritos de algunos compañeros.
-Al patio, están llamando-
-A formarse-
Gritaba el Cuervo (3)
-A formarse-
Como eco repetía el Paco Chico, (4) quien era ayudante del anterior.
Como siempre cada uno de los prisioneros se ubicaba en el lugar que le correspondía, respetando además el porque también se tenía un orden alfabético, a mí me tocaba el número 8, por mi apellido (Artigas).
Siempre cuando se llamaba a formar fuera de los horarios normales significaba que algo andaba mal. Generalmente no eran cosas agradables y en este caso no era la excepción. No había pasado una hora de la primera cuenta de las 7:30 de la mañana.
-Rápido-
-Formarse-
Insistía el Paco Chico.
Todo el mundo debía dejar lo que estaba haciendo y salir corriendo en dirección a la entrada del recinto.
-Rápido-
-Formarse-
-Contarse-
-Uno, dos, tres y así sucesivamente.
En este día llegábamos a los 190 Prisioneros de Guerra.
-Atención- ¿Quien fue el 140?
Gritó el Cuervo.
-Yo mi sargento-
Respondió un prisionero.
-Bien, a partir del 140 se retiran inmediatamente de este lugar, a sus habitaciones hasta nueva orden y rápido.
-Atención niñitos-
-Enumerarse-
De nuevo reiteró el Cuervo.
-Uno, dos, tres y así hasta llegar al 140.
-Atención niñitos, todos los pares un paso al frente-
-Los impares retirarse inmediatamente a sus habitaciones hasta nueva orden y rápido-
-Rápido, moverse, ordenarse-
-A correr-
Gritaba el Paco Chico.
-Atención niñitos-
-Numerarse-
-Uno, dos tres y así hasta llegar al 70.
-Señores, pongan atención, nuestro Comandante se comunicará con ustedes, pónganse en posición firme.
-!Atención Firrrr¡-
Al cabo de un rato entra el Comandante «Pacheco», (5) el cual se da unas vueltas por el frente sin hablar; mirando el piso y sus manos juntas en la espalda. Levantaba su cabeza alargando su cuello mirando a los prisioneros con ese aire de prepotencia; gordito de baja estatura, pelo negro y tieso. A distancia se olía su complejidad de ignorante. Se balanceaba y se empinaba en la punta de los pies. Orgulloso de su cargo de gran jerarquía. Comandante de uno de los más importantes recintos carcelarios de Santiago en ese momento. Al menos eso yo suponía que era lo más importante que le había sucedido en su vida.
-Señores prisioneros, buenos días-
-Buenos días mi Comandante-
Respondimos al unísono.
-Debo comunicarles que todos ustedes, los que están aquí, serán trasladados a otro recinto carcelario, y esto acontecerá en un rato más, deberán juntar todos sus pertrechos,(6) y no debe ser más que un bolso o una maleta pequeña, demás está decirles que estarán bien vigilados y habrá orden de disparar de inmediato a quien intente escaparse.
-Entendido señores prisioneros-
-Sí mi comandante-
Respondimos. Mientras lo veíamos balancearse, empinándose y dejando caer su gordura en los tacos de sus botas.
-Eso es todo-
-Sargento pase lista a todos estos prisioneros-
-Escucharon a mi comandante-
Gritó el cuervo mirando al Paco Chico.
-Cabo, pase lista a los prisioneros y hágale una marca al lado del número-
-Sí mi Sargento, a su orden-
Acomodándose dentro de su uniforme, irguiendo su cabeza como una tortuga saliendo de su caparazón después de un sueño, abriéndose de piernas y acomodando el libro encima de su ponchera, comenzó el «Paco Chico»-
-Sus apellidos-
Artigas Contreras le respondí.
-Ahá, el número 8-
Si mi cabo- le respondí.
-A su dormitorio, a prepararse de inmediato-
El Paco Chico era el cabo ayudante directo del «Cuervo», gordito, con una cara rojita tirada a color vino tinto, siempre con un chicle en la boca para no hacerse sentir el olor a vino de mala cosecha. Siempre lento ante su inseguridad; no muy hábil con el lápiz ni para la lectura, sobre todo cuando tenía que leer los apellidos. El pobre llegaba a transpirar con el Cuervo respirando en su nuca que no sabía de respeto. Ante cualquier equivocación lo insultaba a viva voz.
A «Libre Plática» (7) en Tres Álamos, permanentemente estaban llegando personas que no tenían nada que ver con militancias políticas, es más, en contados casos habían sido hasta opositores a la U.P. En otros casos sólo haber sido Allendistas. Eso demostraba la campaña del terror y detener inocentes como campaña de terror. Uno de los casos más descriptivos fue el caso del «Totigua»(8) y el «Pelao»,(9) dos personajes interesantes, típicos campesinos alegres y cordiales, desconfiados y picarones.
-¡Escuadra de Recepción!-(10)
Gritaban de inmediato cuando aparecía alguien por la puerta de entrada a Libre Plática. Ésta escuadra se encargaba de ubicar a los compañeros que por primera vez ingresaban, le destinaban cama; le ofrecían ropas, útiles de aseo y le mostraban las duchas. Le ofrecían comida y algunos medicamentos porque generalmente venían de un Centro de Tortura.
Una vez relativamente acomodados, se les dejaba caer el «Consejo de Ancianos», (11) este consejo lo componían un integrante de cada Partido, un PS, un PC, un Radical, un MAPU, un MIR y un representante de los independientes.
-El chacreo era el mismo tal cual lo hicieron hasta antes de Septiembre del 73. Muchos no entendían que el Golpe de Estado había acabado con las utopías, con los sueños, los partidos de izquierda, los idealistas, los progresistas. Que a punto de fusil y metralla, tortura y fusilamientos, todo se había destruido-
Seguían con los cuoteos y nepotismos, en fin, éste Consejo se acercaba a cada nuevo prisionero, por separado cuando eran más de uno; le hacían una exposición general de lo que era Tres Álamos: la composición del conglomerado, la reglamentación del Campo y las obligaciones del prisionero, que el número que le habían asignado a la entrada era su número de Prisionero de Guerra en este Campo de Concentración, por sobre todas las cosas no debían olvidarlo y, el Consejo de Ancianos era el que mantenía la comunicación con el Comandante del recinto y los Oficiales, incluyendo al Cuervo; salvo el Paco Chico que se metía al recinto a conversar, acompañado de algún Carabinero raso. Todo el mundo sabía que entraba a copuchear para llevarle los cuentos al Cuervo.
Al Totigua y al Pelao los habían tomado presos los Carabineros cuando trataron de sortear el control fronterizo con Argentina, como siempre lo habían hecho para la época de las vendimias en busca de trabajo como muchos hacían, pero ésta vez las cosas estaban más delicadas, más controladas, fueron detenidos e interrogados con mucha dureza. Después de haber pasado por la cárcel de Los Andes, llegaron a Tres Álamos con el cargo de Guerrilleros que se escondían en la Cordillera.
La verdad es que el Totigua y el Pelao, eran dos campesinos analfabetos, amigos inseparables y Compadres, hoy se encontraban asustados sin comprender aún que estaba pasando. No supieron qué responder ante las preguntas inadecuadas del Consejo de Ancianos, se imaginaban que era otro interrogatorio, creyeron que debían admitir una militancia política y comunicarse con el representante de su partido, la realidad era que el Pelao y el Totigua eran independientes, sólo sabían de trabajo y la dureza del campo, un tanto Allendistas, sólo eso.
Para el Totigua era morirse de pena de sólo pensar quedarse solo sin su compadre y, el Pelao había quedado entre de los seleccionados para ser trasladado. El totigua entró en una desesperación que todos nos dimos cuenta.
El Paco Chico terminó de pasar lista haciendo una marca al lado de cada número en ese enorme libro de registro.
15 minutos más tarde.
¡Los trasladados a formar!, con su equipaje.
-Tienen tres minutos para formar-
Gritó el Cuervo.
Como todo traslado o despedida de un compañero o de varios como en este caso, se sacaban las guitarras y los que se quedaban entonaban el famoso «Negro José», (12) entre lágrimas y abrazos comenzaba la despedida.
Los despedidos causaban mucha pena, más si eran dejados en libertad en días inadecuados como los lunes o martes. En muchos casos se les dejó en libertad para que la DINA les volviera a detener a la salida de Tres Álamos, para ser nuevamente torturados y algunos casos desaparecidos. Sólo se podía enviar mensaje a su familia los domingos cuando había visitas de familiares, o su familia se enteraba por boca de algún oficial y mostrándole el libro de registro con la firma del detenido dejado en libertad.
A medida que se iba atravesando la puerta de salida de ese recinto, los compañeros nos gritaban por nuestros apodos o por nuestros nombres, en general todos tenían apodos; suerte Pelao, suerte Totigua (se estaba yendo con nosotros colado), suerte Lolo, suerte Potoco, etc.
Una vez formados en el hall principal de Tres Álamos, venía otra vez la arenga del comandante Pacheco.
-Señores, les comunico una vez más que están tomadas todas las precauciones necesarias para su traslado, deberán actuar tranquilos, mi personal a cargo está adiestrado para intervenir de inmediato ante cualquier intento de fuga, ténganlo por seguro que es el de disparar, por lo tanto señores, pórtense bien y que tengan un viaje tranquilo-
-Sargento-
-Sí mi comandante-
-Pase lista del libro y me anota aparte los nombres y apellidos de cada uno de los prisioneros, para hacer el memorando de traslado de los prisioneros-
-Si mi comandante-
Respondió el Cuervo.
-Y el memorando debemos entregárselo al Capitán a cargo del traslado-
-Comprendido mi Comandante-
-Cabo, pase lista a todos los que están marcados, para ver si no se quedó ninguno-
-Muy bien mi Sargento-
Respondió el cabo.
-A ver los prisioneros pongan atención-
-Artigas Contreras-
Mario Reinaldo- le respondí; y así sucesivamente los nombró a todos;
Obviamente que el Totigua no lo nombraron y guardó silencio.
Pasaron como 30 minutos hasta de que el famoso memorando fuese confeccionado.
-A ver niñitos, vamos a contar treinta cinco y treinta y cinco, el primer grupo se sube en la primera micro y los otros en la segunda micro-
El Cuervo dirigiéndose a nosotros.
-Cabo, hágalo de inmediato-
-Si mi Sargento-
Respondió el Paco Chico.
-Háganlo lo más rápido posible que se hace tarde-
-Sí mi Sargento-
A todo esto el Totigua asustado al lado del Pelao, sin correrse ni un milímetro, codo con codo.
-Escucharon a mi Sargento, así que comencemos, hagan una sola fila y vamos caminando hacia la primera micro-
El Paco Chico se puso en la puerta de la primera micro y comenzó a contar los prisioneros que comenzaban a subir, hasta que llegó al treinta y cinco y detuvo la fila.
-Bien el resto a la segunda micro-
Gritó el Paco Chico.
Dio por hecho que eran 35 y muy peripuesto se dio media vuelta y se marchó.
El Sargento Cuervo creía que tenía todo controlado. Pero los prisioneros sabíamos que éramos 71 y no 70; para suerte del Totigua estaba resultando todo bien hasta ahí.
En la micro un carabinero hizo de anfitrión como una buena azafata de vuelo.
-Siéntate ahí hueón-
Fue lo más amable que surgió de su boca. Nos fueron sentando de a tres por asiento, bien esposados al fierro del asiento delantero y el bolso o maleta debajo.
Finalmente se acabó la parafernalia y el Cuervo fue a entregar el memorando al Comandante que luego, apareció con el Capitán a cargo del traslado de tan importante carga; el Comandante le hace entrega del listado y se despide militarmente del Capitán.
-Todo el personal a sus posiciones que vamos a partir-
El Capitán dio la orden de salida y encendieron los motores de las micros.
-Abran el portón principal-
Gritó el Capitán.
Caminando cruzó la entrada principal; un auto radiopatrulla que encabezaba la caravana lo esperaba; enseguida un furgón de Carabineros; después la primera micro con prisioneros y atrás otro furgón de Carabineros; seguido de la segunda micro de prisioneros; después otro furgón de Carabineros para terminar la caravana con una micro atestada de Carabineros fuertemente armados y, para completar el cuadro a baja altura un helicóptero circundaba el espacio aéreo a modo de acompañamiento.
Era una gran caravana. Al llegar al primer cruce saliendo a la calle Departamental, se sumaron unas motos que fueron abriendo paso para ir rompiendo fila, cruzando todo Santiago en busca de la carretera en dirección al norte. Toda las personas en la calle saludaba a los pasajeros de estas micros al darse cuenta de lo que estaba sucediendo. Para nadie le era extraño lo que significaba éste tipo de caravana y nada ni nadie podía detener. Al cabo de un rato llegamos a la salida de Santiago encaminándose por la carretera en dirección al norte.
Después de una hora la caravana cambió de ruta en dirección a la costa; en ese momento muchos se dijeron, vamos a «Puchuncaví» (13) o a «Ritoque» (14)
El traslado por un lado me era agradable y mirar el paisaje con la sensación de viaje.
-Me vino a la memoria las ventajas de haber vivido al lado de la Estación Mapocho, esos paseos organizados por mi Padre cuando yo era niño, recordaba que había estado en Cartagena algunos veranos, paseos de un sólo día, absolutamente agotador, sobre todo para mi pobre madre que tenía que levantarse como a las cuatro de la mañana para preparar el cocaví y levantar a sus tres hijos, correr a la Estación para no perder la salida del primer tren con dirección al Litoral Central. En la playa nuestra madre nos cuidaba y con gran esmero nos atendía a todos. Al momento del ocaso del Sol comenzaba la carrera a la Estación de Cartagena para no perder el último tren a Santiago. Llegando a casa por la media noche, quemados como chicharrones y absolutamente cansados pero felices de haber ido a la playa de vacaciones-
Había en el ambiente de los prisioneros un ligero aire de respiro de libertad para algunos, otros siempre con sus ceños apretados, reflexivos y tensos. Para los más jóvenes nos resultaba una aventura que nos daba mucha alegría. Con el Potoco no habíamos estado nunca de vacaciones cerca de este mar de Quinteros. Con todo ese ímpetu de juventud disfrutábamos del viaje a pesar de ir esposados y en posiciones no muy confortables.
La caravana continuaba su viaje a una velocidad moderada. Después de un par de horas de viaje algunos deseábamos orinar. Afortunadamente al rato la caravana comenzó a detenerse a un costado de la carretera.
-Parece que le dieron ganas de ir al baño al Capitán-
Exclamó el Potoco-
Ojalá- Así pediremos ir a mear le respondí.
Efectivamente, al cabo de un rato apareció el famoso Capitán diciendo:
-Señores prisioneros, tenemos 10 minutos para estar en éste lugar, así que el que quiera orinar, que lo haga enseguida, sólo a mear-
Le dio las indicaciones a un Teniente que estaba en nuestra micro.
-Teniente, que bajen de a uno y rápido, nos vamos en diez minutos-
-Entendido mi Capitán-
Cuando me tocó a mí traté de alargar el tiempo, ante tan exquisita sensación, orinar al viento con vista a la pradera sintiendo esa brisa con distintos aromas, abandonar por algunos segundos el estado de prisionero, cerré los ojos y volé por encima de las copas de los árboles.
-Ya mierda, córtala, te estay haciendo la paja, sube a la micro-
Esas dulces palabras de un Carabinero cualquiera, me sacaron de mi éxtasis. No más de media hora estuvo detenida la caravana y continuó su viaje con destino a Quintero.
-Oye Lolo, vamos a la playa hueón-
Me dijo el Potoco.
-Sí, que rico- le respondí.
-Podrían habernos comunicado con anticipación para haber traído traje de baño-
-Mira para atrás- Le dije al Potoco, el Totigua viene cagao de la risa-
-El Pelao también-
Respondió el Potoco.
Resignados el ambiente se transformó más ameno y las conversaciones eran variadas entre los prisioneros. Comentábamos con simpatía lo que nos había sucedido a la fecha: -La vez que un Oficial de Carabineros estuvo de guardia en Tres Álamos, durante la noche en el patio de atrás, con Arco y Flechas se puso a practicar tiro al blanco; el blanco lo había colgado en el muro que daba con la pieza grande, o sea el Terminal Pesquero; molestaba con el ruido que hacía en cada tiro, la hora también era inadecuada, nunca supimos cual era la intención de éste paranoico. El quilombo se armó como a las dos de la madrugada cuando el Pantera no aguantó más y le gritó:
Corta el hueveo Guillermo Tell y deja dormir !!!!»
No pasaron cinco minutos y llegaron en tropel al Terminar Pesquero encendiendo la luz, preguntando quién había gritado. Gritaban enfurecidos, obviamente todos nos hicimos los dormidos y nadie los pescó, entre ojos veía pasearse al Oficial con sus ojos desorbitados buscando alguna víctima, menos mal que nadie contestó. Al rato partió, pero no siguió su estúpida práctica.
También recordábamos de los zapatazos que recibían el Turco Dagach con el Chico; estos personajes eran tan fanáticos para la brisca, que se quedaban calladitos en un rinconcito iluminados con una vela y, cubiertos por una frazada para no ser descubiertos, jugando cartas hacia altas horas de la madrugada, lo que no podían evitar, eran sus alegatos cuando se hacían trampa y entonces, les llegaba un zapato de lejos, el Turco con el Chico empezaban a echar garabatos y despertaban a todo el mundo, los garabatos iban y venían y comenzaba una guerra de zapatos en la oscuridad y, ese turco que no se callaba nunca.
-Te acuerdas Lolo-
Me decía sonriendo el Potoco.
Cuando se comía el «Mar y Tierra», (15) en las noches comenzaba una orquesta de gases, abran las ventanas gritaban algunos, aparte de las risotadas y otros enojados pedían que dejaran dormir-
En realidad, finalmente los que más disfrutaban del Terminal Pesquero éramos los jóvenes y los de mejor humor, los mayores o los más serios se cambiaban a las piezas del corredor, con el entendido de que el Consejo de Ancianos, determinaba quien se cambiaba de lugar.
-Estamos llegando-
Fue el comentario de algunos que conocían Ventanas, Quintero y Puchuncaví.
Efectivamente la caravana hace una entrada amenazadora a Puchuncaví, los lugareños miraban como reprochando la escena, sobre todo los que tenían sus casas más cerca o casi al lado del Campo de Concentración, fueron testigos de todo lo que pasaba en ese recinto. Pienso que ya se estaban acostumbrando a ese tipo de escenas, los traslados y libertades eran permanentes. A veces llegaba una orden de libertad de un prisionero y los muy malditos lo tiraban hacia afuera con lo que tenía puesto en ese momento, sin importar de que parte de Chile era. Los lugareños le abrieron muchas veces sus casas para cobijar prisioneros mientras lograban localizar algún pariente o amigo.
La caravana se detiene en una lomita frente a la entrada del Campo de Concentración, luego de toda la parafernalia oficial, hicieron bajar a los prisioneros de la segunda micro. Tenía que pasar, lo que se veía venir después de pasar la lista, comenzó el conteo y obviamente les sobró un prisionero, la determinación fue rápida, al último, o sea al 36, lo subieron a la primera micro y no pasó más allá. Los Guardia Marinos que estaban recibiendo a los prisioneros se dieron por conforme, así que la caravana continuó su ruta ahora en dirección a Quintero, al Campo de Concentración de Ritoque.
El aire salino, esa brisa fresca de mar hacía agradable la llegada, un sol tenue lo suficiente para acariciar. Repentinamente la caravana vira en dirección al mar por un camino de tierra y arena, pasando un control donde estaban apostados un par de milicos con metralletas. Se continuó como un kilómetro o kilómetro y medio aproximadamente; finalmente se llegó al Campo de Concentración de Ritoque.
 


Lo que había sido un proyecto de vacaciones en el Gobierno de Salvador Allende. Un centro vacacional para trabajadores, construidas de madera, cinco casamatas montadas sobre pilotes de eucaliptos enclavadas en la arena, elevadas a cincuenta centímetros, de cinco piezas por lado, dos camarotes a los costados de dos camas y al fondo una litera sola, cabía una familia completa cómodamente, al fondo del campamento, a un costado los baños con duchas. A la entrada del recinto un galpón con mesas y sillas, con un escenario de madera, a un costado hacia el interior una enorme cocina; para vacacionar estaban impecables. Ahora, había que agregarle dobles corridas de alambres de púa de dos metros cincuenta de alto y en cada esquina una Torre de madera de cinco metros de altura con dos guardias armados, cercos interiores con controles de guardias, en la loma de un cerrito que está a un costado del Campo de Concentración, una ametralladora de gran calibre apuntando al interior del recinto que la disparaban por las noches cuando todo estaba en silencio para amedrentarnos. En realidad le habían dado el toque necesario para que pareciera un verdadero Campo de Concentración-

Una de las casamatas había sido habilitada para Ex Ministros, Parlamentarios y dirigentes políticos importantes de la Unidad Popular; algunos de ellos llegados de la Isla Dawson(16) y de Chacabuco.(17)

El programa diario de actividades era casi el mismo que el de Tres Álamos: a las 7:30 Hrs. nos habrían la pieza y había que salir corriendo a las duchas con agua helada. A las 8:00 Hrs. formación con homenaje a la bandera y cantar el Himno Nacional con la última estrofa que le agradaba a los militares. Luego la cuenta de los prisioneros y pasar nombre por nombre a los prisioneros. Luego se llamaba al desayuno, los que podían llevaban algunas cositas para degustar mejor el desayuno, porque sólo nos daban una taza de té y un pan sin nada adentro, con límite de hora las 9:00 Hrs. A continuación el aseo de nuestras habitaciones. Los que estaban incluidos en la Escuadra de Aseo debían preocuparse de la limpieza general del Campo de Concentración, más el cuidado de la cabaña de los militares y del comedor. Tiempo libre hasta la hora del almuerzo, 13:00 Hrs. Que generalmente era el menú «Mar y Tierra», hasta las 14:00 Hrs. Después tiempo libre hasta las 19:00 Hrs. La formación con homenaje a la bandera, Himno Nacional con la última estrofa que les agradaba a los militares, (nosotros no cantábamos, susurrábamos) la cuenta de los prisioneros, pasar nombre por nombre a los prisioneros y de inmediato retirándose a sus respectivas piezas hasta el otro día.

Los días de visitas podían ser los sábados o domingos. Constituían horas de felicidad para el conglomerado de detenidos. Todos se preparaban bien para estar apto para las visitas, aseado y acicalado con algo de impaciencia. Llegaban pasando el medio día, extenuadas ante tan largo viaje. Amargadas de tantos malos tratos. En mi caso venían de Santiago, salían a muy temprana hora de casa y se dirigían a la Estación Mapocho a tomar un tren con dirección a Quintero. De ahí debían dirigirse a pie hasta la Base Militar de la Fuerza Aérea y someterse a los vejámenes que se les imponían, una larga espera, asoleados o con frío dependiendo de la estación del tiempo. Decidían después del mediodía poner la micro del Ejército para transportar a los familiares al Campo de Concentración.

Este Campo de Concentración también apodado como Treblinka. Y Puchuncaví como Melinca. (18) Tenían casi las mismas características en el control de los vigilantes. Los cuatro organismos de las Fuerzas Armadas. Cada rama tenía un turno que duraba 15 días. Éste día estaban de turno los Marinos. Para mi y algunos otros nos resultó extraño debido que nos habíamos acostumbrados al color verde de los Carabineros.
La micro una vez detenida en la entrada, nos empezaron a sacar las esposas y nos hicieron bajar, nos hicieron marchar hasta el interior del galpón y comenzó la parafernalia de la entrega de prisioneros. El Capitán de Carabineros le entregó el memorando al Oficial de la Marina a cargo, el cual le dio una orden a uno de menor rango.

-Sargento vaya buscar el libro de registro de los prisioneros-
-Enseguida mi Capitán-
Al rato, llegó el Marino y se sentó en una silla depositando un gran libro en la mesa, de inmediato el Oficial a cargo comenzó con el primero de la lista.
-Prisionero Artigas Contreras-
-Mario Reinaldo- -Debí contestar-
-Pase a inscribirse en el libro, ahí se le signará su nuevo número de Prisionero de Guerra-
Así comenzaron a pasar lentamente los prisioneros al otro costado del galpón, con un nuevo número. En este caso me asignaron el Nº 242. Además de entregarme un uniforme de preso consistente ena una chaqueta abotonada y pantalón de mezclilla color azul, una camisa de franela. No habían sido diseñados a la medida por lo tanto las risas eran espontáneas de lo payasos que nos veíamos.
Después nos enteramos que habían sido enviados por la Cruz Roja Internacional como gesto de solidaridad.
La cagada comenzó a quedar cuando nos hicieron enumerarnos. Obviamente que no éramos 35, sino 36, el Totigua con el Pelao se hacían los desentendidos, conversaban y miraba al techo y sus alrededores con cara de incrédulos.
-Enumerarse de nuevo-
Gritó el Oficial de la marina un poco disgustado.
Los prisioneros sonreíamos sin que se notara mucho cuando los Marinos preguntaban a los Carabineros qué es lo que había pasado, estos se encogían de hombros sin poder dar una respuesta coherente. La verdad que para ellos se les hacía bastante difícil dar una respuesta porque no entendían nada.
-Enumerarse de nuevo-
Gritó el Oficial de la marina ya irritado.
Comenzó la espera, se comunicaron por radio con Puchuncaví y que verificaran sí efectivamente habían llegado 35 prisioneros. Allá formaron a todo el Campo de Concentración, los contaron, cotejaron nombre por nombre, luego los encerraron en sus habitaciones pasando lista y todo les cuadró. El tiempo pasaba y los prisioneros a estas alturas ya estábamos sentados en el comedor, no debíamos movernos de ese lugar, el Oficial de la Marina tenía en sus manos un comunicado que había recibido del Estado Mayor, -sólo 35 prisioneros debían llegar a Ritoque-
El Oficial de la Marina personalmente comenzó a pasar lista y a separarnos uno por uno, efectivamente dio con el problema, al final el Totigua había quedado solo haciendose el imbécil, no estaba en la lista que trajo el Capitán de Carabineros.
-Qué pasó con usted-
Le preguntó el Oficial de la Marina.
-Soy analfabeto mi oficial, yo seguí las instrucciones y estoy aquí-
-Vaya, dé su nombre y se va a su lugar-
El Oficial lanzó el libro sobre la mesa enfurecido y gritó.
- Dónde está el Memorando de conformidad para firmarlo-
-Aquí mi Capitan- respondió el Sargento todo nervioso.
-OK-
Lo firmó casi rasgando el papel y se lo pasó al Capitán de Carabineros, se despidió militarmente y enseguida se retiró dándole la orden de proceder a su Sargento.
Finalmente le dieron el número al Totigua quien saltó de alegría y no pasó a mayores.
Por fin se nos hizo pasar al Campo de Concentración. Como primero en la fila me asignaron en la primera barraca del lado izquierdo en dirección a la costa junto a Potoco, El Chico Muñiz y el gordo Cuevas, en la pieza número 36.
A los días supimos del zafarrancho (19) que se produjo en Tres Álamos en la tarde de nuestro traslado, luego de cantar el Himno Nacional, se pasó lista y cuando se enumeraron tenían 119 prisioneros en vez de 120. Lo primero que les vino a la cabeza a los Carabineros, una fuga, es más, no se sabía quién, cómo y cuándo. El Comandante Pacheco entraba y salía del recinto, agarraba a garabatos al Cuervo, éste al Paco Chico que a su vez lo hacía con los carabineros rasos, revisaban cada rincón de Tres Álamos, los prisioneros formados, ninguno supuestamente tenía idea de los que había pasado, (en realidad eran muy pocos los que sabían). Finalmente por teléfono el Comandante Pacheco cotejó nombre por nombre los prisioneros que habían sido trasladados a Puchuncaví y Ritoque. Y se dio cuenta que se habían ido 71 y no 70 prisioneros, nada menos que el Totigua, Pacheco gritó de rabia ante semejante burla quedando enfurecido por un buen tiempo. Al pasar de los meses llegó Totigua de nuevo a Tres Álamo para su expulsión a Estados Unidos. Se contó que no fue un encuentro grato para el Totigua, pero, igual fue expulsado y aún vive en ése País.


Acá en Ritoque al ocaso del Sol se cantó el Himno Nacional y se bajó la Bandera del asta. A los prisioneros se nos encerró en nuestros nuevos albergues carcelarios y el silencio de la noche era calado por el sonido del mar y, uno que otro graznar de alguna gaviota.


Capítulo IV. Novela Testimonial “DINA busca LOLO”


GLOSARIO



(1) Terminal Pesquero: Se denominó así a la pieza más grande, al fondo de Tres Álamos, con dos corridas de camarotes, de dos literas; el hacinamiento de personas causaba olores a pesar de la ventilación.
(2) Tres Álamos: Fue el Campo de Concentración más grande después del Estadio Nacional en la Ciudad de Santiago, estaba ubicado en calle Departamental cerca de Vicuña Mackenna.
(3) El Cuervo: Así le pusieron por lo chillón que era y por su enorme nariz, fue un sargento de carabineros de los formados a la antigua, sólo seguía órdenes sin reflexionar. (Sólo quería llegar a Sub Oficial y a su jubilación)
(4) El Paco Chico: un Cabo Primero, ayudante del Cuervo, muy bueno para el vino, con su nariz colorada y una ponchera como un gran barril. Siempre lo comparé con Sancho, auque bien diferente.
(5) Pacheco: era el Comandante a cargo de Tres Álamos, su nombre era Conrado Pacheco. Está demandado por estar involucrado en Violación a los Derechos Humanos.
(6) Pertrechos: se le llama a las cosas personales, consistiendo en cosas de batalla, de uso rápido.
(7) Libre Plática: Se le denominó al recinto donde los Prisioneros de Guerra podían transitar libremente.
(8) Totigua: Fue unos de los pocos que se fue a Estados Unidos como Refugiado, allá le cambió la vida, se supo que sufría de nostalgia.
(9) Pelao: Fue unos de los pocos que se fue a Estados Unidos como Refugiado, allá le cambió la vida, se supo que sufría de nostalgia; lo supimos cuando nos envió una carta a Tres Álamos, donde nos contaba que echaban de menos el campo, los animales y las empanadas.
(10) Escuadra de Aseo: Era un equipo de tres prisioneros que se encargaban del aseo externo, pero dentro del Campo de Concentración.
(11) Consejo de Ancianos: Estaba conformado por un representante de cada partido más un independiente, generalmente elegían algún militante destacado.
(12) El Negro José: Canción preferida por los detenidos para despedir o amenizar.
(13) Puchuncaví: Campo de Concentración en el pueblo mismo (V Región).
(14) Ritoque: Campo de Concentración ubicado en Quinteros (Ritoque es una comuna, a la orilla del mar en la V Región).
(15) Mar y Tierra: Comida más comida en los Campos de Concentración, consistía en Porotos Burros con Cochayuyo. También teníamos el «Restuchini»; consistía en tallarines con Atún en lata.
(16) Dawson: Campo de Concentración en el sur de Chile, de corto período. Uno de los prisionero más jóvenes fue el Poeta Aristoteles España. Todos los prisioneros fueron trasladados a Santiago.
(17) Chacabuco: Campo de Concentración ubicado en el norte de Chile, fue un pueblo salitrero; fue de corta duración, los prisioneros fueron trasladados a Tres Álamos, Puchuncaví y Ritoque.
(18) Treblinka: fue un Campo de Concentración al Este de Polonia dirigidos por la S.S. Alemana, Melinca: Se le llamó así en recuerdo de la represión política ejecutada por Carlos Ibáñez del Campo. (Lugar situado después de cruzar el Golfo de Corcovado).
(19) Zafarrancho: Término ocupado por los militares, se aplicaron en los Campos de Concentración como medida de represión, principalmente en Puchuncaví y Ritoque.


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